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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Alice y el Conejo Blanco

Alice (Alice Liddle): joven muchacha inglesa cuyas habilidades especiales trajeron el desastre a su familia; uno de los poderes que adquirió fue la capacidad de confundir y nublar el juicio ajeno, pero fuera de su control, pues el mero contacto físico con su piel inducía ese efecto sobre los demás. Bajo esa influencia, en cuanto se manifestó dicho poder, su familia enloqueció matándose unos a otros. Esos funestos hechos, y la incapacidad de la joven para entenderlos, provocaron una grave crisis en Alice quebrando su psique, puede que para siempre.

Tras ese desastre, Alice se encerró en sí misma, en un mutismo del que no hubiera sido capaz de salir de no ser por la afortunada ayuda de un amigo de la familia, Lewis Carroll, que había también experimentado un aumento de inteligencia por el mismo motivo que Alice. Carroll supo entender los hechos acaecidos cuando sus poderes se mostraron y dedujo la forma de intentar ayudar a la muchacha sin ponerla a ella misma y a los que la rodeaban en peligro. A tal efecto Carroll adoptó legalmente a la niña como propia para poder cuidarla mejor y es a su cuidado donde ha permanecido desde entonces.

Más tarde, con la esperanza de recibir ayuda de la Liga del Vapor, Carroll les ofreció sus avanzados conocimientos para cualquier cosa que necesitasen, y con su apoyo ayudó a construir un androide mecánico para servir de acompañante, amigo, guardaespaldas, y probablemente enfermero de Alice, el autómata conocido como Bessemer. De hecho, ante la posibilidad de ser culpable de la transformación de Alice (inadvertidamente, desde luego), Carroll se ha esforzado hasta la extenuación por ayudarla en la medida de su capacidad.

La lista de poderes de Alice es extensa, cubriendo la habilidad de aumentar o disminuir de tamaño, el poder de teleportación a través de espejos y la capacidad de hablar con los animales (o eso dice ella), entre otros; además no ha envejecido nada en los últimos años y como ya hemos dicho su tacto es capaz de aturdir y confundir momentáneamente. De hecho a pesar de los años ella misma sigue siendo un tanto inestable y desequilibrada, aunque gracias a Carroll es capaz de valerse por sí misma y ha aprendido a controlar sus otros poderes bastante bien. Por otra parte, gracias a su perspicacia o perspectiva extraña de las cosas es a veces capaz de percibir de una forma intuitiva las causas subyacentes de las cosas que suceden, que aunque es incapaz de explicar a veces es útil para resolver los problemas a los que se enfrenta ella y sus aliados.

Alice (116 puntos, NP 10)

Características: Fuerza 7(-2), Constitución 12(+1), Inteligencia 12(+1), Sabiduría 10(0), Destreza 14(+2), Carisma 12(+1)
Puntos de acción: 5
Habilidades: Acrobacias +2 (+4), Atención +4 (+4), Atletismo +4 (+2), Averiguar intenciones +4 (+4), Buscar +4 (+4), Concentración +4 (+5), Diplomacia +2 (+3), Disfrazarse +2 (+3), Engañar +4 (+5), Interpretar +4 (+5), Saber(el mundo) +4 (+5), Sigilo +4 (+10), Supervivencia +2 (+2), Trato con animales +4 (+5)
Dotes: Competencia En Lucha Sin Armas
Tamaño: pequeño
Poderes: Aumento de Tamaño 16 (poder alternativo, Empequeñecimiento 16), Comprender 2 (sólo animales), Confundir 10 (Extra: aura, Tara: permanente), Inmunidad 1 (Envejecimiento), Blindaje 6, Teleportación 9 (Extra: Preciso; Tara: sólo a través de espejos; Dote: Progresión 3)
Complicaciones: ausente (tiende a quedarse mirando a las musarañas o a hablar con los animales)
Bonificaciones: Ataque +4(+7), Fortaleza +4(+5), Reflejos +6(+8), Voluntad +3(+3)
Combate: Iniciativa +8, Defensa +19, Daño físico 1d3-3, Reducción de daño 10
Salud: Malherido(4), Incapacitado(9), Moribundo(14)

Bessemer, el Conejo Blanco: este ser, un autómata mecánico a cuerda (y otros sistemas) fabricado con Britanium, es muy similar en su funcionamiento interno a Steamwoman, el primer prototipo de un cuerpo humanoide completo construido por la Liga.

Al igual que Helga, Bessemer está dotado de gran fuerza gracias a pistones hidráulicos y engranajes haciendo palanca mediante ingeniosos mecanismos que aprovechan y multiplican su fuerza enormemente. Su fuente de energía principal son barras de supercarbón que a su vez generan el calor y la presión de vapor a su caldera interna; posee asimismo una mini máquina analítica de Babbage como cerebro artificial, que es muy superior a las utilizadas en los autómatas de vapor del Imperio.

Está máquina analítica, una verdadera filigrana de precisión, fue diseñada y programada por el matemático Charles Lutwidge Dodgson (también conocido como Lewis Carroll) en la que ha sido su mayor colaboración con la Liga hasta el momento. Su idea era construir un ser mecánico que sirviese de guardaespaldas (y pudiera mantener bajo control) a Alice. Tiene forma de animal (como su propio alias indica) ya que es una de las formas que menos altera a Alice. Dado que en ocasiones Alice iba a embarcarse en misiones de la Liga, era mejor asegurarse que iba a estar segura y al mismo tiempo que no se descontrolaba y ponía en peligro de forma innecesaria a sus compañeros o a civiles inocentes.

Como androide que es, Bessemer es inmune a los poderes de confusión de Alice, pues aunque posee una mente consciente de sí misma es totalmente artificial y por ello ajena a los efectos mentales ordinarios. Además, dada su fuerza y resistencia es más que capaz de proteger a Alice; o controlarla, llegado el caso, aunque nunca ha habido esa necesidad; Alice causa más inquietud con su extraña actitud y comportamiento que nada que haya hecho en realidad. Asimismo, la paciencia de Bessemer es también infinita, mucho más de lo que ningún ser humano podría soportar, y es un amigo leal que toma su misión de cuidar de Alice muy en serio.

Como nota adicional, Henry Bessemer añadió una mezcla especial de silicio y titanio a la aleación de Britanium de este ser. Esta mezcla permite al autómata “curarse” por sí sólo de forma automática, aunque de forma lenta y sólo cuando se calienta lo suficiente, ya que sus piezas poseen una especie de memoria de forma que permiten recuperar su forma original de recién forjadas aún después de sufrir daño. No obstante, en el caso de daño permanente o suficientemente grave sí requeriría reparaciones normales como cualquier maquinaria.

Bessemer incorpora un dial conectado con su caldera principal en forma de reloj de pulsera, mediante el cual puede monitorizar su presión interna y calcular el tiempo de funcionamiento que le queda. De ahí que con frecuencia saque dicho artilugio para medir su operatividad, aparentando ser un obseso con el tiempo. Aparte de dicho reloj, viste una especie de traje completo, que en realidad no está fabricado con tela sino con diminutas anillas de titanio coloreadas por medios eléctricos. No le protegen de los impactos dado su pequeño grosor pero son bastante más resistentes que la mera tela, para alguien hecho de metal.

Bessemer, el Conejo Blanco (116 puntos, NP 10)
Características: Fuerza 10(0), Fuerza mejorada 20(+10), Constitución -, Inteligencia 10(0), Sabiduría 10(0), Destreza 10(0), Carisma 10(0)
Puntos de acción: 5
Habilidades: Atención +2 (+2), Atletismo +1 (+11), Diplomacia +2 (+2), Sigilo +3 (+7)
Dotes: Ambidiestro, Ausencia De Constitución, Competencia En Lucha Sin Armas
Tamaño: pequeño.
Poderes: Inmunidad 30 (tiradas de salvación de Voluntad), Blindaje 12 (Extra: impenetrable), Regeneración 2 (Tara: requiere calor, puede hacer tiradas de curación con una penalización de -3), Súper-Fuerza 6 (Carga pesada: 36 toneladas)
Bonificaciones: Ataque +8(+9), Dureza +1(+6), Reflejos +6(+6), Voluntad -
Combate: Iniciativa +6, Defensa +17, Daño físico 5d6+2, Reducción de daño 20
Salud: Malherido(5), Incapacitado(10), Moribundo(15)

lunes, 18 de octubre de 2010

La Liga del Vapor y la magia

"Y es que, ¿qué pasaría si el Proteo no fuese meramente un material extraterrestre? Y si, en realidad, fuese otra cosa, como... ¡oro faérico! El desastre de Tunguska sería la colisión trans-dimensional del plano faérico con el plano mundano, acaecida desde el comienzo del tiempo, pero a una escala mucho mayor de lo normal, vertiendo miles de toneladas de dicho oro faérico hacia nuestro mundo.

Esta extraña sustancia produciría poderes sobrehumanos en determinadas personas, mientras que en otras provocaría una especie de sensibilidad al campo “mágico” que dicho material extendería sobre el planeta. Esa sensibilidad podría conllevar además la posibilidad de manipular dicho campo mágico, lo que habría provocado desde tiempo inmemorial la existencia de magos, hechiceros, o como quieras llamarles.

Un buen ejemplo de lo primero podría ser Neverboy, cuyos poderes podrían haberle sido otorgados... ¡por hadas! (lo que explicaría también su amnesia y extraña actitud).

Es más, una miríada de criaturas mágicas podrían existir a su vez, creados o mutados por ese campo de poder, alimentándose de él y desarrollándose en paralelo a la historia de la Humanidad, escondiéndose como mitos o cuentos de viejas. Pero en esta variación de la ambientación, ¡son muy reales!

Esas criaturas mágicas podrían ser de cualquier tipo, pero ten en cuenta que deberás tratarla probablemente en la misma escala de poder que las personas con superpoderes. De otro modo, un ogro o un troll terriblemente fuerte palidecería ante el primer metahumano con súperfuerza (o fuerza mejorada) que se encontrase. O por poner otro ejemplo, si un dragón hace un daño con su aliento ígneo suficiente para incinerar a humanos normales, pero a cualquier persona con Protección o poderes similares apenas le afecta, ¡dicha criatura tiene un serio problema en esta ambientación!

¿Cómo influiría en general la existencia de la magia a la metatrama del Imperio? Probablemente la mayor parte de los magos (y muchas criaturas mágicas malvadas) estuviesen trabajando para el régimen, ya fuese voluntariamente, obligados o coaccionados mentalmente. Otros, por el contrario, se opondrían a él, luchando de forma independiente o uniendo sus fuerzas a personas como la Liga del Vapor... incluso puede ser que el mismo Doctor M. fuese meramente un mago, y su poder de Control hipnótico sólo la expresión de sus poderes sobre las mentes “inferiores”.

Por otra parte, otra interesante vuelta de tuerca sería que la posesión de ciertas cantidades de Proteo sirviese o bien para potenciar los poderes de los magos o bien para fabricar artefactos mágicos. En ambos casos, los magos de cualquier bagaje moral estarían muy interesados en conseguir dicha sustancia para sus propios fines, lo que aportaría posiblemente una nueva facción en la pugna por el poder.

En cualquier caso, la magia seguiría siendo algo raro, poco común. No habría criaturas mágicas por las calles, ni combates del ejército con magos todos los días. Sólo ocasionalmente algún evento de este tipo trascendería a la opinión pública, que de todos modos desde la aparición de los primeros humanos con poderes, ya se cree casi cualquier cosa..."

jueves, 29 de julio de 2010

Actividades de NSR en las Tierra de Nadie

Os presentamos las actividades que vamos a realizar en las Tierra de Nadie, que se celebrarán en apenas siete días:

JUEVES POR LA TARDE

JUEVES POR LA NOCHE

VIERNES POR LA MAÑANA


VIERNES POR LA TARDE


VIERNES POR LA NOCHE


SÁBADO POR LA MAÑANA

SÁBADO POR LA TARDE

SÁBADO POR LA NOCHE

DOMINGO POR LA MAÑANA

DOMINGO POR LA TARDE
Y además contaréis con partidas de Aquelarre a cargo de Ricard Ibáñez. Más información sobre sus partidas a dicho juego y otros en este post del foro de las jornadas.

¡Esperamos veros allí!

jueves, 21 de enero de 2010

Los Superluditas

"La primera vez que oí hablar de los Superluditas pensé que en gran parte se parecían mucho al grupo de la Liga del Vapor, pero mis entrevistas con McKenzie pronto me convencerían de lo contrario.

Aparentemente, el viejo movimiento de protesta de los artesanos contra la Revolución Industrial, que según ellos les dejaba de lado y sin trabajo, había resucitado después de ser aplastado por las autoridades y el poder económico en la década de 1810. Y esta vez, siguiendo el correr de los tiempos, sus más destacados miembros poseían habilidades excepcionales al igual que los Legados del Imperio y los héroes de la Liga del Vapor. El cómo las obtuvieron es algo que aún me pregunto tras todos estos años...

En esta nueva encarnación, los Superluditas seguían pregonando contra la tecnología, que había sumido al país en una semiesclavitud vinculada a una poderosa maquinaria de guerra que no dejaba de crecer consumiendo recursos y trabajadores en una espiral sin fin. En ese sentido, sus palabras no caían en oídos sordos, puesto que la mayoría de la población se veía forzada a trabajar para alimentar a ese sistema, y veían con buenos ojos una revolución en su contra. Obviamente las autoridades la veían como algo a ser erradicado, antes de que socavase su poder o diese esperanzas a toda la población y una verdadera revolución intentase derrocar al poder establecido.

En cualquier caso, las actividades de los Superluditas se dividían principalmente en sabotear instalaciones de maquinaria (ya fuesen agrícola, fabril o militar) usando sus poderes especiales, y causar revuelo y agitación buscando la revolución social.

Y ahí es donde diferían principalmente con las actividades de la Liga del Vapor. Aunque en numerosas ocasiones la Liga actuaba contra instalaciones del Imperio, usualmente lo hacía para minar su poder militar o rescatar civiles en condiciones terribles de esclavitud. Los Superluditas actuaban por el contrario como si el fin justificase los medios, de modo que tras sus actuaciones solían quedar civiles afectados como víctimas colaterales de sus sabotajes, o comprometidos como traidores tras escuchar sus proclamas o estar cerca de sus lugares de actuación.

Donde la Liga inspiraba esperanza mediante el ejemplo, los Superluditas usaban la demagogia y encendidos discursos, retirándose a sus escondites hasta que encontraban un nuevo objetivo que destruir...

Y aún así, todo hay que decir que a veces los caminos de la Liga y de los Superluditas se cruzaron con el tiempo. En alguna instalación que ambos grupos querían destruir, grupos de ambas facciones terminaron por coincidir y tras la desconfianza inicial trabajaron juntos para conseguir dichos objetivos. No obstante la Liga nunca tuvo en gran estima a estos porque en el fondo, no les importaban del todo las personas. Según descubrí en esas fechas, no fue ni la primera ni la última vez que la Liga tuvo que pararles los pies o deshacer los desaguisados que creaban tras sus misiones de sabotaje. Y eso sin contar que en más de una ocasión los Superluditas tomaron como objetivo de su odio hacia la tecnología a los propios inventos de la Liga, encarnados por ejemplo en el héroe acorazado Tin Man o el androide a vapor Bessemer.

Es por todo eso que más que aliados, o siquiera neutrales a respetar, los Superluditas fueron considerados por la Liga del Vapor casi desde el principio como hostiles y una amenaza para la Sociedad.

Y aún así, mucha gente los apoyó durante largo tiempo, porque en esos años oscuros casi cualquier cosa era mejor que el Imperio..."

Extracto del diario personal de John Reynolds, redactor jefe del Times, 1898

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El Emperador Norton

Nacido en Londres, Joshua Abraham Norton pasó gran parte de su infancia en Sudáfrica, mudándose a San Francisco en 1849. Viajó tan lejos principalmente atraído por las promesas de prosperidad y riqueza que trajo la fiebre del oro, tras recibir como único heredero una fuerte suma al saldarse las propiedades de su padre. Allí se dedicó a los bienes inmuebles y otros negocios con cierto éxito. En apenas tres años Norton había multiplicado su riqueza por 6, aunque su suerte iba a cambiar casi con la misma velocidad. Tras un negocio fallido tras el desplome del precio del arroz, que le llevó a los tribunales durante años con enormes gastos, la misma fiebre del oro pasó trayendo consigo la caída de los precios de forma catastrófica. Unido a esto se produjo la caída de los mercados inmobiliarios, de multitud de negocios y bancos, y la bancarrota en general. El negocio de Norton, ya dañado, se desvaneció en la nada y el pobre empresario prácticamente desapareció del mapa hasta 1859...

En ese momento empezó la leyenda. Norton volvió a aparecer, con una actitud entre excéntrica e iluminada, que se desveló en una nota de prensa al autoproclamarse Emperador Norton de los Estados Unidos. Al parecer, los serios reveses de fortuna que había sufrido Norton le provocaron un serio caso de delirios de grandeza, aunque a medida que revelaba más y más de sus planes quedaron patentes sus buenas intenciones de fondo y su interés en acabar con los males que aquejaban al país y devolver la confianza y la estabilidad a todos sus ciudadanos. A sus ojos, la forma de gobierno de ese momento era ineficiente, corrupta y orientada exclusivamente al interés propio, por lo que era imposible que defendiera el bien común de los ciudadanos. Sólo alguien como él mismo, tomando como ejemplo la monarquía británica, podría imponer el orden poniendo en su lugar a las distintas facciones y fuerzas políticas que luchaban por sus parcelas de poder respectivas.

Obviamente las autoridades políticas no prestaron mucha atención al autoproclamado emperador, pero su fama, auspiciada por la prensa, empezó a crecer acompañando cada una de sus proclamas; primero aboliendo el Congreso, luego convirtiendo la República en una monarquía absoluta, y culminando en la disolución de los partidos Demócrata y Republicano...

A pesar de sus delirios, Norton sorprendía quizás aún más a sus conciudadanos por su oratoria fluida, mostrándose como un hábil conversador versado en muchos temas y un gran jugador de ajedrez, todo lo cual revelaba su genio, sólo eclipsado cuando hablaba de sí mismo y de su ficticio Imperio, por supuesto.

Lo que nadie sabía es que en el año en que Norton volvió a la vida pública, no solamente su mente sufrió una transformación radical, sino todo él. Transformado de una forma similar a la de los miembros de la Liga del Vapor, Norton empezó a experimentar una serie de cambios que culminaron en su extraña locura (o que fue la consecuencia de los mismos, al intentar su mente racional entender lo que le había pasado). Era capaz de crear físicamente las cosas que imaginaba, aunque dichos objetos no tenían una existencia permanente, sino sólo durante tanto tiempo como él quisiera que existieran. Esas mismas ideas con forma física eran capaces de protegerlo del daño físico como si de un caparazón de mero poder intelectual se tratara. Finalmente era además capaz de motivar a los demás con sus discursos apasionados, trasmitiendo una sensación de paz que aletargaba el impulso a recurrir a la violencia. Con todas esas habilidades, una persona egoísta hubiera rehecho su imperio económico y hubiera quizás aspirado a gobernar el país entero, pero no Norton. Realmente afectado por lo que él pensaba era un gobierno injusto y corrupto, decidió poner su (perturbado) intelecto al servicio de todos los americanos convirtiéndose en un déspota ilustrado, nombrándose Emperador y esperando que todos acatasen sus órdenes, lo que obviamente no pasó.

Norton no se dio por vencido tan rápidamente, sobre todo cuando descubrió gracias a sus antiguos contactos empresariales (y sus nuevos contactos en los años en los que malvivió en pensiones de mala muerte) que había un enemigo mucho más insidioso y peligroso que el mero “gobierno corrupto” reinante. Una siniestra organización dotada de medios económicos casi ilimitados y de personas con poderes como él mismo, estaba socavando lo poco que merecía la pena salvar del gobierno e intentaba tirar de los hilos para reanudar la guerra civil. Esa era la oportunidad de Norton, salvar al país entero para que la población le proclamase Emperador y así poder imponer un reinado justo y benevolente para todos. En este sentido Norton empezó a reclutar un ejército propio, formado por todos aquellos desesperados que cayeron por los agujeros del sistema tras la crisis del fin de la fiebre del oro. Impresionados por sus apasionadas palabras y sus altas miras, y por la extensión de sus poderes, estos soldados irregulares empezaron a espiar y luchar en pequeñas escaramuzas contra los agentes del Imperio, encarnados principalmente en los hombres del Gun Club y sus mercenarios, estorbando siempre que podían a sus malvados planes y anulando sus más terribles designios con la ayuda del mismo Norton en persona.

Norton es ahora un objetivo declarado del Gun Club, aunque su mera popularidad le da una cierta protección porque su desaparición o muerte violenta levantarían demasiadas preguntas que pondrían en apuros a las operaciones secretas del Imperio en los Estados Unidos. También ha sido descubierto y contactado por la Liga del Vapor, que aunque ven en él a alguien mentalmente inestable, creen que realmente es bien intencionado y que gracias a él y a su poder se contrarresta la maligna influencia del Imperio en ese rincón del mundo... lo que permite a la Liga seguir su lucha sin preocuparse “demasiado” del globo entero a la vez. En alguna ocasión han trabajado juntos, ¡con permiso de Norton por supuesto!

lunes, 25 de mayo de 2009

El nacimiento de la Liga del Vapor

"La noticia había corrido como la pólvora. ¡El Enmascarado había sido capturado por el Imperio!

Poco sabíamos de ese personaje, apenas que era el primer superhombre que se había atrevido a enfrentarse al Imperio, saboteando instalaciones, desbaratando sus planes y rescatando civiles de las garras del régimen. En ese sentido muchos lo considerábamos un moderno Robin Hood, un símbolo de esperanza en esta época gris. Por eso, cuando se difundió el rumor de su captura, fue un severo mazazo para muchos.

Espontáneamente, una masa ingente nos habíamos reunido en la estación Victoria para apelar a la piedad del régimen. Allí, según se había filtrado, un tren blindado conduciría al cautivo al penal de San Diablo para ser ajusticiado por traidor a la corona y terrorista. Por supuesto, el bloqueo militar era severo; recuerdo varios batallones de soldados Moreau, gruñendo e intentando hacernos retroceder a empujones y culatazos, pero también había de refuerzo varios tanques de vapor e incluso esas máquinas automáticas que el Imperio llama robots de vapor.

No obstante, no nos amedrentamos tan fácilmente. Con pancartas improvisadas y a gritos pedíamos clemencia para el Enmascarado. Tanto apretábamos que los mandos militares mandaron a las tropas Moreau replegarse detrás del cordón de seguridad. Al principio pensamos que habíamos conseguido algo con nuestra insistencia, y era verdad: haciendo dos filas, la de delante rodilla en tierra, los soldados nos apuntaron con sus armas preparados para disparar. Mientras el oficial al mando gritaba las órdenes (aún lo recuerdo en mis pesadillas... "¡Preparados! ¡Apunten!") nos entró el pánico e intentamos huir a trompicones, pero éramos sencillamente demasiados y era imposible abandonar la estación con rapidez.

"¡¡¡Fuego!!!"

Pero no sucedió nada… excepto una exhalación que pareció correr como un relámpago por delante de las tropas dejando una estela negra a su paso. Aunque aterrorizado y zarandeado por la multitud, acerté a contemplar a los soldados Moreau, desarmados, mirando sus manos vacías con total asombro. Al otro extremo del andén, un hombre que había aparecido de la nada, vestido de forma extraña, apilaba sus rifles en un montón con una especie de sonrisa pícara en su cara parcialmente oculta por unas gafas de cuero y cristal.

También asombrados, pero más acostumbrados a esas misiones, el capitán dio orden rápidamente a los tanques de vapor de entrar en acción, mientras los desarmados Moreau se retiraban del campo de batalla. El extraño hombre no pareció preocuparse, porque no se puso a cubierto…

Maniobrando sobre la grava y las vías del tren, uno de los tanques le apuntó con su ametralladora Gattling, que con ruido sordo y metálico empezó a escupir muerte hacia él. ¡Pero el hombre no cayó! Moviéndose a una velocidad cegadora, parecía capaz de coger las balas en pleno vuelo y dejarlas caer inofensivamente a sus pies, todo ello sin dejar de sonreír.

Pero no iba a ser todo tan sencillo, otro tanque se unió a la refriega y con su cañón de 10 libras disparó hacia el "corredor". No llegó realmente a alcanzarle, pero la onda expansiva le derribó dejándolo aturdido. El primer tanque, viendo la mayor efectividad de esa arma, disparó a su vez pero falló, alcanzando a una viga maestra y con ello a la estructura superior del andén haciendo que el techo empezase a crujir y a amenazar con derrumbarse sobre nuestras cabezas.

El griterío era ensordecedor mientras las salidas se colapsaban con tantos como éramos intentando huir. El metal del techo gemía y de repente, con un terrible crujido, se desprendió del todo para aplastar a decenas de personas que aún no habían podido escapar.

¡Pero no llegó a caer! De repente, la enorme masa de metal y piedra se detuvo a escasos pies de altura sobre las cabezas de todos nosotros. ¿Cómo? En mitad de nosotros había otra extraña figura, vestido con un gabán y con un pañuelo cubriendo su cabeza y ojos como una improvisada máscara. Ese sujeto, con las manos alzadas, parecía sujetar el techo sin tocarlo siquiera, mientras miraba a su alrededor y nos azuzaba para que abandonásemos la zona.

Pero no iba a poder ser, el tanque que había disparado giró su torreta apuntando directamente a este nuevo "freak", sin preocuparse de posibles víctimas colaterales. Sin inmutarse, el extraño encapuchado hizo un gesto con la mano y lanzó los escombros como un proyectil contra el tanque. El terrible impacto hizo levantarse al tanque unos pies mientras la torreta era desprendida entre nubes de vapor y tremendos crujidos de metal.

Acto seguido el sujeto avanzó rápidamente hacia los militares, ¿puede que para alejarse de nosotros? No lo sé, en ese momento otro tanque disparó directamente sobre él y la explosión le dio de lleno. Con los oídos retumbándome con el ruido, acerté a ver a ese hombre en el centro del cráter de la explosión, con los brazos cruzados sobre su rostro, pero ileso, aunque aparentemente aturdido. ¿Cómo era esa proeza posible? Daba igual, el tanque aceleró su marcha y con un rugido de vapor cargó contra él para aplastarle.

¡¡BAM!! De repente una pequeña figura, una mujer, o más bien una muchacha, con una redecilla ocultando sus facciones, había cargado contra el enorme tanque y lo había golpeado con sus manos desnudas, abollando el metal blindado una cuarta y deteniéndolo en el acto. El tanque, aunque inmóvil, giró su arma principal rápidamente y disparó a la muchacha, pero antes de que llegase a alcanzarlo, juro que la muchacha dio un salto y quedó suspendida en el aire fuera de su alcance, mientras un aura verdosa-amarillenta la rodeaba. El proyectil siguió su camino volando por los aires un cobertizo de la estación, mientras la muchacha estiraba su pequeño brazo hacia el tanque y algo parecido a un relámpago de pura luz cegadora brotaba de su mano y reventaba su torreta.

"¡Cuidado!" intenté gritar, pero no podía oírme con todo ese ruido. Uno de los robots de vapor ya se había acercado lo suficiente como para llegar a su altura y de un manotazo de metal estampó a la joven en el suelo de grava. Ese golpe hubiese matado a cualquiera, y aún así, la joven no parecía más que aturdida. La máquina no obstante, con precisión mecánica, no se dio por vencida y empezó a pisotearla con fuerza prácticamente haciendo un agujero con su cuerpo, cuando de repente un relámpago cayó sobre su estructura.

El robot retrocedió unos pasos mientras la electricidad golpeaba su cuerpo, creando arcos de luz por todo su superficie. Al cesar, las esferas que le servían de ojos se apagaron y con un siseo de vapor la enorme mole cayó hacia atrás con gran estrépito.

Pensé que había sido una enorme suerte que un rayo golpease a esa máquina hasta que recordé que no había una nube en todo el cielo. Mirando a lo alto vi a otra figura suspendida como por encanto en el aire, un hombre delgado con una máscara como de ingeniero tapándole los finos rasgos, y con una especie de arnés de cables y metal cubriendo su cuerpo. Un aura de rayos y electricidad cubría su cuerpo, y quedó pronto claro que el relámpago había brotado de él.

Miré a mi alrededor, y vi que era el único civil que quedaba en la estación. Aunque esos cuatro extraños habían aparentemente derrotado a esa primera oleada del Imperio, aún quedaban más tanques y robots de vapor que se acercaban a toda velocidad preparados para el combate. Antes de salir corriendo a mi vez no pude evitar mirar atrás, y lo que vi fue a esos cuatro héroes de nuevo en pie, preparados para luchar, mirándose entre sí puede que tan sorprendidos de verse unos a otros como yo de verles a ellos. Lo último que recuerdo es el ruido de las explosiones, de los relámpagos, y de golpes enormes como si un gigante hubiese decidido usar la estación como patio de juegos".

Entrevista a un testigo anónimo de los sucesos de la estación Victoria en 1871,
extraído del diario personal de John Reynolds, redactor jefe del Times, 1898

viernes, 24 de abril de 2009

La Liga del Vapor

Esa noche había quedado con el viejo McKenzie en una pequeña posada en las afueras de Londres. Era un sitio pequeño, lúgubre y con un cierto olor a rancio que encajaba muy bien con el aspecto decrépito del perspicaz anciano.

"Escogí este lugar porque casi nadie acude aquí, y menos de noche" comentó McKenzie, mientras sorbía con calma una pinta de cerveza. "Por otra parte, el dueño es de confianza. Puede contar con que está de nuestra parte".

"Acogedor y tranquilo, ¿no?" respondí, nervioso de todos modos.

"El Doctor M. tiene oídos en todas partes, o en casi todas", replicó, con una mueca desdentada.

De nuevo el anciano utilizaba ese nombre en clave para referirse al supuesto líder en la sombra de todo el Imperio británico. Hacía ya tiempo que me había revelado detalles e información que antes me había parecido intrascendente, pero que a la luz de la fría lógica encajaba de forma perfecta en una conspiración en toda regla. Y en la cima de todo, ese supuesto "doctor".

"Pero, ¿tiene nombre este sujeto?" pregunté otra vez.

"Por supuesto. Pero me temo que si se lo dijese no tardaría usted más de 24 horas en estar muerto" respondió, encogiéndose de hombros.

No pude reprimir un escalofrío al escuchar eso, porque yo ya conocía de primera mano lo que el Imperio, supuestamente bajo el control de ese individuo, era capaz de hacer. Sólo por las dudas que expresé, meses atrás, en el supuesto ataque de Londres por la Liga del Vapor, había sido relegado a trabajar en necrológicas e insulsas fiestas sociales. Pero eso no había hecho más que motivarme más a buscar la verdad.

"Bueno, pues podría entonces hablarme más de la Liga del Vapor. No como la mayoría de la gente los conoce, sino a lo que son en realidad".

"Cierto", respondió McKenzie, asintiendo con calma. "No todos los súbditos del Imperio piensan que la Liga es un grupo de villanos y bellacos. Muchos de ellos han sido alcanzados por su poderosa ayuda, y han dejado pues de creer las venenosas mentiras que propaga el régimen. Otros, de oídas o simplemente porque detestan este gobierno, los han idolatrado como a modernos ladrones de Sherwood, que aunque no es correcto del todo, es mucho mejor que el odio o el miedo ignorante".

"¿Y bien?"

"Paciencia joven" dijo el anciano mientras daba otro largo sorbo de cerveza. "¿Dónde estaba? ¡Ah sí! El Imperio quiere hacernos creer que el monopolio de superhombres lo ostentan ellos, pero afortunadamente no es así. No sólo los Legados del Imperio han experimentado cambios sobrehumanos desde hace años. También gente tan normal como usted o yo. Y al igual que usted, a ellos les llegó el momento de actuar contra este régimen opresivo. Después de todo, la mayor cualidad que poseen no son sus increíbles poderes, sino la capacidad de discernir lo que está bien de lo que está mal, y el coraje de hacer algo al respecto. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, se suele decir. Y como la unión hace la fuerza, incluso seres tan poderosos como ellos decidieron unirse para intentar hacer algo..."

"¿Y porqué los miembros de la Liga no actúan contra el Doctor?" pregunté inocentemente. "¿No saben quién es?"

"Shhhh" replico McKenzie. "No abusemos de su nombre, por si acaso". Tras rascarse la barbilla un momento, continuó. "Nadie sabe dónde se esconde, ni cómo maneja los hilos. Y puede que sea mejor así, no sé si un enfrentamiento directo de la Liga con los ejércitos de Legados y maravillas tecnológicas a su disposición conseguiría nada positivo. No, de momento la Liga debe mover sus piezas por el tablero hasta que el buen Doctor M. cometa un error. Es por eso que algunas personas, como yo mismo, buscamos, indagamos, reclutamos aliados entre personas clave, para descubrir ese momento..." dijo, mirándome intensamente con esos ojos penetrantes que tenía, bajo sus espesas cejas blanquecinas.

Fue en ese momento cuando me di cuenta, estúpido de mí, de que nuestro primer encuentro no fue casual. ¿Qué querría de mí McKenzie? Y lo peor era... que me sentía compelido a ayudar...

Extracto del diario personal de John Reynolds, redactor jefe del Times, 1898

miércoles, 18 de marzo de 2009

Buscando la verdad

Conocí al señor McKenzie una noche de 1873. En esa época yo era un joven reportero que acababa de conseguir una oportunidad en The Times, aunque era sólo para cubrir sucesos y desastres que apenas ocupaban espacio en las páginas interiores. No obstante, me sentía destinado a revolucionar el mundo del periodismo con mi prosa y acerada descripción de los acontecimientos. ¡Cuán equivocado estaba!

Volviendo al asunto, esa noche estaba cubriendo el relato de uno de los múltiples atentados que el grupo de extraños anarquistas conocido como la Liga del Vapor cometía de cuando en cuando contra el Imperio. En esa ocasión habían atacado el propio Londres, destruyendo varios edificios en su enfrentamiento con el ejército y las fuerzas del orden, causando incontables daños materiales y personales.

Yo intentaba captar con mi pluma toda la gravedad del suceso, desde el otro lado de la barrera levantada precipitadamente por la policía. Acordonando la manzana, varios tanques de vapor y destacamentos completos de tropas Moreau revisaban el área en busca de algún posible traidor dejado atrás por sus innobles compañeros. Varios ornitópteros sobrevolaban los edificios en llamas mientras un enorme dirigible acorazado se desplazaba perezosamente entre el humo mezclado con la niebla.

Ante tanta devastación, y los gritos de asombro y terror de la multitud que observaba tras la barrera, me tuve que esforzar para mantener la concentración y la vista centrada en la dantesca escena. Los ojos me lagrimeaban, y había momentos en que no sabía si era por la carbonilla que flotaba en el ambiente o por los gritos y lamentos de los heridos y de los familiares de los fallecidos.

En ese momento sentí que alguien me tiraba de la manga. Era un anciano, de nariz aguileña y pobladas cejas y patillas, que se sostenía con dificultad sobre un fino bastón.

“Periodista, ¿no?” preguntó con una cascada voz de fuerte acento escocés.

“Pues sí, ¿cómo lo ha sabido?” respondí, aún aturdido por la situación.

“Pues principalmente por el pase de prensa que lleva en el sombrero, claro”, respondió.

“Ah claro”, musité, un poco avergonzado. “Alguien tiene que contar las atrocidades de la Liga del Vapor contra los ciudadanos de Londres…”

“Esto no ha debido ser un ataque de la Liga, fíjese bien…” respondió el anciano.

“¿Cómo?” repliqué, un poco indignado ante el impertinente anciano. “El aviso del ataque vino directamente del Ministerio de Guerra, y acudimos aquí prácticamente…”

“Use sus ojos, joven. Mire”, dijo, señalando la escena. “¿Ve cómo de regulares son los cráteres de las explosiones? ¿No nota un extraño espaciamiento entre ellos?”

Aun irritado eché un vistazo a la escena por si el anciano había visto algo que se me hubiese pasado por alto. “Pues… sí, parecen estar espaciados de forma uniforme, ¿y?”.

El anciano se agachó y cogió algo de entre los escombros de detrás de la barrera.

“Mire esto, no son meros escombros. Es metralla. Esto ha sido producido por un bombardeo. Sólo eso explicaría la regularidad de la distancia entre las explosiones, las marcas en los muros y estos restos”.

“¿Y? Es posible que ahora la Liga utilice vehículos voladores para sus fechorías…”

“¿Algo como ese zeppelin que sobrevuela ahora la zona, joven? ¿No lo cree harto improbable…? ¿No es más probable que haya sido algo totalmente distinto, que se está intentando disimular?”

Mientras echaba un vistazo a la enorme mole voladora, no pude evitar sentir un escalofrío por la espalda. Lo cierto es que sólo había conseguido ver impactos de explosiones en línea recta, arrasando una manzana entera de edificios entre las calles Baker y Paddington. De haber ocurrido un combate con la Liga, debería haber habido impactos de otro tipo, como en otras ocasiones; combate físico de titanes, descargas de energía, cualquier cosa… bombardeos… sólo podía ser… ¡el ejército!

“Mi nombre es McKenzie, John McKenzie. Uno de estos días podemos quedar y charlar ante una taza de té… quizás podamos hablar de otras muchas cosas extrañas que suceden estos tiempos” dijo el anciano, mientras desaparecía con facilidad entre la multitud.

“Espere, ¡espere!” le grité mientras intentaba alcanzarle, pero ya era tarde, el muro de ciudadanos traumatizados se había cerrado tras él…

No creí que vería al extraño anciano nunca más, pero de nuevo me equivocaba…

Extracto del diario personal de John Reynolds, redactor jefe del Times, 1898